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La poesía es una llaga necesaria. Es un espléndido parto doloroso: surge del conocimiento por ese deseo, un acto de amor con amor con muerte con odio con densidad. También es Mutación: nace un engendro –la obra- y crece hasta convertirse en un solo ser con dos cabezas, dos sexos, un cuerno y alas, clamando por parir a su padre. Cundo lo logra le da el beso de adiós a su progenitor-creado y se desprende mientras lo mata, mientras sonríe con entraña, su nuevo Nombre.
La poesía es un no tener más remedio.
Cordón umbilical que relaciona y confunde al hombre con lo sagrado.

del libro Inocencia Feroz (1999, Ed. Argonauta)

VISIONES

No me quites la memoria no me quites la visión de
todos los lugares donde mis tripas donde mis alas
pactaron contigo, ángel oscuro
Ángel ávido y vengador de la noche elegida para
amar con todos los elementos del mundo
No me quites ni un mendrugo de memoria soy tan
ociosa para morir
No me quites la memoria del pequeñísimo instante
en el que parpadean los ojos y es una brecha letal
que espanta a quien se animó a pactar la unión de
tu negrura de ángel enjaulado y el fulgor de los
esponsales de los hermanos
juntos alguna vez en la
Gran Obra

Llegó el momento
Benditas las lluvias que nos anunciaron nuestro beso
tan largo, nuestra estadía en la intemperie, con
plegarias sin destino, amado, las tantas que fui en
el filo de la tierra, ángel oscuro, quién será quién
a quién me entrego

El ángel es un resto de dios y no perdona
El que yo amo olvida el hambre en el momento de la
cena

Y no me quites la memoria, ni la más pequeña
memoria desgarrada, por si reviviera la bellísima
caricia en un ahora, ven aquí, no hay daño si nos
une la carne y el cielo
memoria de carne de cielo

Cuando llegué con el libro a casa, ella insinuó arrojarme un jarrón. Lógico, porque yo traía sobre mis brazos, acunando, las obras completas de Juanele.

Todavía estoy degustando este buen vino, ya hablaré en profundidad cuando mi corazón esté listo. Por el momento disfruto la dicha  de encontrarse con una voz tan profunda, tan densa y hermosa.

La edición es muy buena, es la segunda de las obras completas de Juan L. Ortiz, tiene todos los libros (claro), poesías, cartas y prosas inéditas. Introducción y notas de Sergio Delgado. Textos de Juan José Saer, Hugo Gola, Martín Prieto, D.G. Helder, Marylin Contardi y María Teresa Gramuglio.

libro30.jpgI- Ocasión

Le pedí a mi amigo que salgamos a la caza de libros. Eso de andar buscando poemas, voces distintas, ejemplares en extinción; después una cerveza, y entre la espuma y la risa, seguir hablando de poesía. Siempre como en los viejos tiempos (aunque no hace tanto ¿verdad?), siempre iguales pues para qué cambiar nuestra cuota de felicidad.
Así se me pegó “Tras la llave“, de Jorge Leónidas Escudero.

Un libro maravilloso (permítanme esta palabra), lleno de reflexiones y pensamientos que lo dejan a uno mirando el cielo, tal vez una rosa o - lo que es mejor-, mirando para adentro; para adentro de uno mismo.

Así es Leónidas, es como un juego pero en la realidad, y uno se empieza a contagiar de la magia que embriaga su poesía.

II- La búsqueda del la verdad

Dos aspectos quisiera resaltar de este poemario: a) la realización de la poesía como conocimiento y b) la ironía.

Siempre tuve la certeza de que la poesía encarna una forma de conocimiento. Por algo se habla del pasaje del mito al logos. Algo así como que a partir de los presocráticos el hombre se vuelve racionalista; pero antes estaban Hesíodo y Homero que poéticamente aportaban una tradición y un conocimiento del mundo.

Entonces podemos decir que hay una explicación poética de la realidad que nos proporciona “conocimiento”. Enrique Molina en su novela Una sombra donde sueña Camila O’ Gorman, lo explica claramente en el prólogo, cuando habla de una explicación o abordaje poético de la historia, no menos riguroso que el método puramente científico.

Pero el conocimiento al que aspira llegar la poesía no es al denominado “natural”, sino al “sobrenatural”, es decir donde no puede llegar la razón. Por ello muchos poetas confunden la poesía como algo religioso.

Esta certeza (la poesía como conocimiento) se presento constantemente cuando leía Tras la llave. Leónidas Escudero busca la verdad, lo explicita en algunos de sus poemas, y por momentos hecha luz sobre ella.

En cuanto a la ironía, ésta es constante y es producto de la sabiduría del poeta que conoce sus límites. Ríe, crea, juega, canta, busca la verdad con paciencia y apenas la vislumbra se contenta y a la vez calla con cierta resignación al no poder aprehenderla en su totalidad.

III- El lenguaje

Una última reflexión: el lenguaje.
Leónidas no sólo escribe como habla su pueblo (nació y vive en San Juan) sino que, extrema el lenguaje por ejemplo, suprimiendo palabras que el lector completa como en una especie de trabajo interactivo de creación.

El lenguaje acompaña la poetización de situaciones cotidianas, y a partir de ellas el autor busca dar el salto trascendente.
Finalmente la construcción de diálogos es elemento recurrente en un contexto de natural fluidez verbal.

IV- Conclusión

Un poeta impactante, un poeta viejo y sabio.

 ***

Datos biográficos: http://www.edicionesendanza.com.ar/autor6.asp

Tras la llave, editado por Ediciones en Danza, 2006.-

***

El pensamiento gatuno

Al saltar por la ventana
a mi gato se le una pata en la reja y
colgado ahí quise ayudarlo. Cae
y no me da tiempo a que yo. Gime,
en el suelo se arrastra quiere
alejarse de mí y pobrecito
cree que soy el culpable.

Me mira sustado como diciendo: Malo
¿cómo pudiste hacerme eso?

Y nada más.
Ahora que con el tiempo sanó
de quebrarse una pata me mira miau,
miau, perdón, creí
que me habías querido matar.

Le acaricio cabeza le digo estás
ya bien, eso es todo. Y él
agradecido cierra loj ojos.

Tras la llave

¿Quién va? ¿Quién anda?
Díganme quién es y de dónde va a dónde
ese que ante mi puerta pasa a
ser feliz o a inmensamente
andar entre los que no aciertan una.

Pregunto e insisto porque anda ese hombre
con la lengua afuera por cansancio y sed
y yo corro igual ante espejismos. Buscamos
lo que jamás de los jamases, pero.

Esto es porque andamos
de modo picaflor en flores mientras
los gatos acechan. Miento,
no se trata de flores ni de gatos
sino de tantear piedras, ver si alguna
es la filosofal de toque para
cambiar nuestro mundo.
Y es mejor no decir más porque estamos
golpeando puestas del horizonte
con la cabeza y nos rebota, pelota,
sin que podamos agarrar la llave.

Hace unos días leí en La Víspera, la reflexión del autor sobre su vinculación con los libros en tiempo de mudanza. Un fragmento de aquel texto llamó especialmente mi atención: Nadie puede ser “dueño” de un libro por el sólo hecho de ir a una librería y pagar una suma determinada. Apenas somos “tenedores” de libros, pasamos por ellos y no al revés. Nuestra biblioteca será un día de algún otro y no podemos impedirlo. Lo más seguro es que se disgregue, se ramifique y se divida, conformando nuevas bibliotecas de personas que nunca conoceremos. Esos lectores también se irán y sus libros volverán a conformar otros circuitos en otros estantes, universos. Todo esto pasará si antes no sufren la quema, la destrucción o cualquier accidente que los alejen para siempre de la posibilidad de seguir siendo parte de la literatura.

Efectivamente yo también atesoré mis libros con la diligencia del lector que ama no sólo el texto, sino también el objeto denominado “libro” y,  con el tiempo, mi casa se fue poblando de ellos.

Ahora he comenzado a preocuparme y a preguntarme cuál es el sentido de tener tantos libros en una casa particular. Muchos de ellos, seguramente, no volverán a ser leídos; entonces hasta qué punto no es esto un acto de egoísmo, mantenerlos atrapados, sin que puedan dar todo sus frutos. Además, ya que seguiré leyendo mientras pueda, dónde guardaré los nuevos ejemplares que vayan llegando.

He sabido de gente que finalmente se queda con unas piezas de predilecto amor, y envía otras a un depósito. ¿Será esta la solución?

mozart.jpgHace tiempo que pensaba lo fabuloso de tener al alcance las obras completas de Mozart.

Bueno parece que ese anhelo se realizó. En la página http://www.mozart-weltweit.de/mozart00.htm, se encuentra todas sus composiciones, y además se pueden bajar gratuitamente.

Hay poemas que, como un escalofrío, a veces nos recorren la espalda. Este, de Cesar Vallejo, es uno de ellos.

¡Y si después de tantas palabras,
no sobrevive la palabra!
¡Si después de las alas de los pájaros,
no sobrevive el pájaro parado!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo y acabemos!
¡Haber nacido para vivir de nuestra muerte!
¡Levantarse del cielo hacia la tierra
por sus propios desastres
y espiar el momento de apagar con su sombra su tiniebla!
¡Más valdría, francamente,
que se lo coman todo y qué más da…!
¡Y si después de tanta historia, sucumbimos,
no ya de eternidad,
sino de esas cosas sencillas, como estar
en la casa o ponerse a cavilar!
¡Y si luego encontramos,
de buenas a primeras, que vivimos,
a juzgar por la altura de los astros,
por el peine y las manchas del pañuelo!
¡Más valdría, en verdad,
que se lo coman todo, desde luego!
Se dirá que tenemos
en uno de los ojos mucha pena
y también en el otro, mucha pena
y en los dos, cuando miran, mucha pena…
Entonces… ¡Claro!… Entonces… ¡ni palabra!

 

- Conseguir la cerradura

- Una térmica de 20

- 10 metros de cable bipolar de dos y medio

- 8 metros de cable bipolar de dos y medio para exteriores

- Una bolsa más de fino (por las dudas)

- Pedirle a AF la cinta pasa cable y la terraja.

 

sfamilia.jpgPara ir preparando la navidad que mejor que unos versos de San Juan de la Cruz.

NAVIDEÑA

 

Del Verbo divino

la Virgen preñada

viene de camino

¿si le dáis posada?

 

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William Faulkner es por mucho uno de los referentes de la literatura universal. Siempre vuelvo a este hombre en busca de consuelo y luz, más allá que sus textos son un inmenso río revuelto que pretende devorar toda existencia, sumergirse en sus páginas es una aventura del espíritu.

Particularmente hay una entrevista que habitualmente releo. Allí le preguntan:

-¿Puede usted decir cómo empezó su carrera de escritor?, a lo que responde:

-Yo vivía en Nueva Orleáns, trabajando en lo que fuera necesario para ganar un poco de dinero de vez en cuando. Conocí a Sherwood Anderson. Por las tardes solíamos caminar por la ciudad y hablar con la gente. Por las noches volvíamos a reunirnos y nos tomábamos una o dos botellas mientras él hablaba y yo escuchaba. Antes del mediodía nunca lo veía. Él estaba encerrado, escribiendo. Al día siguiente volvíamos a hacer lo mismo. Yo decidí que si esa era la vida de un escritor, entonces eso era lo mío y me puse a escribir mi primer libro. En seguida descubrí que escribir era una ocupación divertida. Incluso me olvidé de que no había visto al señor Anderson durante tres semanas, hasta que él tocó a mi puerta -era la primera vez que venía a verme- y me preguntó: “¿Qué sucede? ¿Está usted enojado conmigo?”. Le dije que estaba escribiendo un libro. Él dijo: “Dios mío”, y se fue. Cuando terminé el libro, La paga de los soldados, me encontré con la señora Anderson en la calle. Me preguntó cómo iba el libro y le dije que ya lo había terminado. Ella me dijo: “Sherwood dice que está dispuesto a hacer un trato con usted. Si usted no le pide que lea los originales, él le dirá a su editor que acepte el libro”. Yo le dije “trato hecho”, y así fue como me hice escritor.

-¿Qué tipo de trabajo hacía usted para ganar ese “poco dinero de vez en cuando”?

-Lo que se presentara. Yo podía hacer un poco de casi cualquier cosa: manejar lanchas, pintar casas, pilotar aviones. Nunca necesitábamos mucho dinero porque entonces la vida era barata en Nueva Orleáns, y todo lo que quería era un lugar donde dormir, un poco de comida, tabaco y whisky. Había muchas cosas que yo podía hacer durante dos o tres días a fin de ganar suficiente dinero para vivir el resto del mes. Yo soy, por temperamento, un vagabundo y un golfo. El dinero no me interesa tanto como para forzarme a trabajar para ganarlo. En mi opinión, es una vergüenza que haya tanto trabajo en el mundo. Una de las cosas más tristes es que lo único que un hombre puede hacer durante ocho horas, día tras día, es trabajar. No se puede comer ocho horas, ni beber ocho horas diarias, ni hacer el amor ocho horas… lo único que se puede hacer durante ocho horas es trabajar. Y esa es la razón de que el hombre se haga tan desdichado e infeliz a sí mismo y a todos los demás.

Es impecable, en estos fragmentos, la presencia del genio artístico, el alejamiento del mundo material y económico en el plano personal, para luego dar el salto trascendente y revelar la vergüenza y la tristeza de tanto padecimiento del hombre y la sociedad sometida al excesivo trabajo que, en definitiva, deshumaniza.

En la imagen: casa de William Faulkner.

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Como era de esperar la noticia llegó en cuenta gotas a los medios literarios. Es que la mayoría están pagos: revistas, suplementos, sitios, blogs, etc. Y sí, ya ni siquiera los bloggers están al margen del “negocio”.

Lo cierto es que desde el vaticano llega Spe Salvi (salvados en esperanza), una obra literaria de Benedicto XVI, técnicamente una encíclica, que trata sobre el la esperanza que podemos tener y esperar.

Una vez más los “mercaderes de la libertad” seleccionan y desplazan de las góndolas aquello que desprecian o ignoran. Así desconocen, por ejemplo, la profunda obra filosófica del genio de Karol Józef Wojtyła. Aunque nosotros conocemos a Sartre y a tantos otros; los “mercaderes de la libertad” difícilmente hayan leído a Pieper. Pues bien, me atrevo decir que Spe Salvi es un documento clave de nuestros días y su lectura fundamental en la interpretación de los signos de los tiempos.

Debo confesar que acabo de terminar una primera lectura que, seguramente, se irá enriqueciendo en los próximos días; por el momento quisiera compartir un pasaje que me ha impresionado (uno entre tantos), ya que deja caer la máscara del argumento del mal como justificación de la ciertas “revoluciones”, veamos: 

“El ateísmo de los siglos XIX y XX, por sus raíces y finalidad, es un moralismo, una protesta contra las injusticias del mundo y de la historia universal. Un mundo en el que hay tanta injusticia, tanto sufrimiento de los inocentes y tanto cinismo del poder, no puede ser obra de un Dios bueno. El Dios que tuviera la responsabilidad de un mundo así no sería un Dios justo y menos aún un Dios bueno. Hay que rechazar este Dios precisamente en nombre de la moral. Y puesto que no hay un Dios que crea justicia, parece que ahora es el hombre mismo quien está llamado a establecer la justicia. Ahora bien, si ante el sufrimiento de este mundo es comprensible la protesta contra Dios, la pretensión de que la humanidad pueda y deba hacer lo que ningún Dios hace ni es capaz de hacer, es presuntuosa e intrínsecamente falsa.”

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-Martin Frohm: ¿Qué diría usted si un hombre se presentara en esta entrevista sin camisa y le diéramos el trabajo?

-Chris: Pues que sus pantalones debían de ser estupendos.

Sobre la película 

Este fin de semana casi de casualidad me aproximé a la figura del Gral. San Martín. El lunes fue feriado (corrido) en argentina precisamente en memoria suya.

Debo confesar que a veces estás fechas pasan inadvertidas en mi caso, sumido en la celeridad del mundo que se levanta como una especie de monismo donde todo, al fin de cuentas parece, será devorado por él.

Cuando me acerco a San Martín descubro palabras que suenan tan raras a los oídos de hoy; por ejemplo las máximas dirigidas a la educación de su hija, veamos:

1º- Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que nos perjudican. Stern ha dicho a una Mosca abriéndole la ventana para que saliese: Anda, pobre animal, el Mundo es demasiado grande para nosotros dos. 2º- Inspirarla amor a la verdad y odio a la mentira. 3º- Inspirarla gran Confianza y Amistad pero uniendo el respeto. 4º- Estimular en Mercedes la caridad con los Pobres.  5º- Respeto sobre la propiedad ajena. 6º- Acostumbrarla a guardar un Secreto. 7º- Inspirarla sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones. 8º- Dulzura con los Criados, Pobres y Viejos. 9º- Que hable poco y preciso. 10º- Acostumbrarla a estar formal en la Mesa. 11º- Amor al Aseo y desprecio al Lujo. 12º- Inspirarla amor por la Patria y la Libertad.

Leo estas palabras y resuenan como un eco, siento que en parte, estamos lejos de tales principios. No quiero emitir un juicio; sólo digo que algo de verdad y razón encuentro en ellas.

Una mañana encuentro un par de zapatos de mi madre, cubiertos de polvo, en la sombra de un placard que todavía guarda un vestigio de su aroma, como restos de un naufragio. Los miro sabiendo que se han quedado solos y ellos también me miran, acaso desde un silencio frío, como un perro que pregunta por su amo ausente, buscando su cadena para que alguien lo ate por última vez.

Así suceden los días y todos, de tanto en tanto -casi sin darnos cuenta-, seguimos las huellas de un idéntico destino.

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Nunca esperé tanto, como en este año, tener la primavera en los ojos. Por eso, por estos días, nos unimos al canto unánime de los pájaros y LienDres cambia.¡Ojalá llegue pronto!

Al cielo vais, Señora,
allá os reciben con alegre canto.
¡Oh quién pudiera ahora
asirse a vuestro manto
para subir con vos al monte santo!
De ángeles sois llevada,
de quien servida sois desde la cuna,
de estrellas coronada,
cual reina habrá ninguna,
pues os calza los pies la blanca luna.

Volved los linces ojos,
ave preciosa, sola humilde y nueva,
al val de abrojos,
que tales flores lleva,
do suspirando están los hijos de Eva.

Que, si con clara vista
miráis las tristes almas de este suelo,
con propiedad no vista,
las subiréis de vuelo,
como perfecta piedra imán al cielo.

(Himno de vísperas)

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Hace años, montado a caballo y recorriendo un campo de la provincia de Buenos Aires aprendí una lección.

Era una tarde y un calor fulminante. Con unos amigos (éramos tres), salimos tranquilos al paso. Los perros nos siguieron un tiempo y luego, sin que pudiera advertirlo habían desaparecido. La llanura penetraba mis ojos poblándome de infinito. Las vacas se contaban como granos de arena, corría un conejo y, para asombro de mi ignorancia, en aquella primavera había siervos que al sentirnos andar corrían a ocultarse en monte.

Anduvimos por horas, alejándonos por una zona de campo donde todo era más salvaje, estaba un poco inundado, y tuvimos que cruzar un profundo charco levantando los pies sobre el lomo del caballo, es decir acostándonos boca arriba sobre el sudado animal.

Cuando salimos de aquel bello trance, mezcla de aventura y fantasía, advertí a mi derecha la presencia de un animal.

-     ¿Qué es eso? – Pregunté.

-     Es un búfalo – respondió uno de los camaradas, conocedor del terreno.

-  ¿Un búfalo? ¿Qué hace acá? – Pregunté ingenuamente; y se me explicó que seguramente habían sido traídos por algún colono quién sabe cuándo.

Aquella bestia era de un color oscuro, su porte gigante, imponente, su mirada penetrante. Estaba detenido a orillas de aquel charco profundo, seguramente muerto de calor.

Pero lo que me impresionó y, nunca olvidaré, fue la soledad y el silencio que lo rodeaba.

No era como las vacas o los siervos que antes había visto; no, este animal estaba solo.

En mi espíritu construí una metáfora. Pensé que toda su fuerza, todo el respeto, esa autoridad categórica y el miedo que imponía su presencia se correspondía con su estado de absoluta soledad.

Aquel día aprendí algo que hasta hoy guardo como un tesoro: no quiero estar solo como el búfalo, sin amigos, sin familia, sin compartir los juegos y la luna. Hoy recordé esto porque encuentro gente que por poder, ambición, dinero, prestigio, etc, se quedan solos como el búfalo que una tarde fijó su mirada en mis ojos, en la llanura. 

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Los libros nos maravillan. Hay un encantamiento, una magia, un enamoramiento con ellos, una gravitación y –claro- una esperanza. Hace días la memoria me lleva a ciertos libros que se han incorporado, por algún motivo, de manera especial a mi vida.

Algunos que perdí misteriosamente;  recuerdo aquel volumen de  Jacobo Regen Poemas Reunidos, ediciones Tobogán. Este ejemplar me lo regaló un amigo hace años. Un día fui a mi biblioteca en busca de él y ya no estaba. Es un hecho misterioso, ¿cómo pudo desaparecer ese libro, tan preciado? A veces retomo la búsqueda, pero hasta hoy permanece desaparecido. ¿Alguien lo habrá robado? Estoy dispuesto a pagar un rescate.

Por otro lado hay libros que siempre quise tener pero nunca di con un ejemplar. Un ejemplo es toda la obra de Miguel Angel Bustos, que tengo en fotocopia. ¡Cómo quisiera tocar el Corazón de Piel Afuera! ¿Y el Himalaya o la Moral de los Pájaros? Ah! Otro de mis anhelos es Morada al Sur, del poeta colombiano Aurelio Arturo.

Para compensar hay libros que conservo con diligente cariño. Menciono algunos: Poesía Completa de Carlos Mastronardi; País Garza Real de F. Madariaga; Orden Terrestre de E. Molina; Interrupciones de Gelman; Pessoa traducción de Rodolfo Alonso; Luz de Agosto de Faulkner; El viejo y el mar;  la misma Biblia en su versión argentina y tantos, tantos más.

También están los libros que presté y no me devolvieron nunca, en especial recuerdo la poesía completa de Alejandra Pizarnik.

Debo confesar que también he robado libros pero no diré cuáles obviamente.

Y por último las primeras ediciones, las hay preciadas: Nuevas Odas Elementales de Neruda, por ejemplo la conseguí hace unos años a quince pesos (no diré dónde). 

Es hermoso tener estos compañeros de viaje, que a veces se esconden, se escapan, se van, nos llaman, nos enseñan.

“La extrema celeridad nos vuelve irreales y abstractos”.

Carlos Mastronardi.

“Hay miles de ciudades en América latina a las que no llegan los diarios ni tienen librerías, que tienen pocas bibliotecas y sin embargo todas tienen cibercafés. Hoy cualquier diario latinoamericano tuvo más consultas en la mitad del día que la cantidad de ejemplares vendidos en papel”. 

Entrevista con Néstor García Canclini. Diario Perfil, suplemento cultural, domingo 3 de junio 2007.

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 Hace unos 10 años fuimos con un amigo a un local de tatuajes ubicado en una galería de la calle corrientes.

Recuerdo que apenas ingresamos advertí de inmediato el nombre que identificaba a aquel lugar; “El Tunel”; decía en letras grandes sobre la vidriera. Como no podía ser de otra manera en mi caso, recordé el famoso libro de Ernesto Sábato que lleva el mismo título.

Mi amigo se acomodó en aquel sillón, medio de peluquero, media mesa de disecciones y el joven dueño del boliche tatuador comenzó su trabajo, digamos artesanal sobre el pecho de su cliente.

 Mientras trabajaba la charla era amena, típico de todo quirófano. Finalmente, cuando ya había cierto tono distendido, me animé a preguntar al dueño de casa por el nombre de su comercio. Rápidamente respondió: - El tunel, por el libro de Sábato. Confirmando mi suposición inicial me sentí cómodo e intercambiamos unas palabras sobre el libro; hasta que de pronto el joven se animó: - Pero ya no leo más, me hace ver la realidad y sufro.

Estas palabras me conmovieron desde entonces al punto de no poder olvidarlas. Repetidas veces me he preguntado si realmente la literatura puede causar una lucidez tal de la realidad que haga que una persona no desee leer textos profundos, digamos serios.

Después de mucho, creo haber encontrado algunos criterios ordenadores. Anoto que detrás de todo texto literario, si es serio, se manifiesta una visión del mundo; y esta puede ser o bien una visión armónica de la realidad o bien caótica.

Es decir que, quien se detiene a ver la realidad puede encontrar un orden y armonía o, caso contrario, una especie de sustrato sin orden ni límites, más que los artificialmente impuestos por el hombre. Para aquellos que piensan en este segundo sentido, todo limitante es –por definición- represivo. Así por ejemplo pensaba Marx, cuando dice que el mundo no merece ser entendido sino transformado.

 Creo ahora empezar a comprender, por qué aquel joven tatuador se sentía tan agobiado por la realidad circundante que la novela El Túnel le mostraba ante sus ojos, al punto de pensar y sostener que esa realidad era mejor no conocerla.

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 Los diarios del domingo son una gran colección de papeles. Bien temprano el diariero lo arroja sobre el umbral de la casa. Y pronto, junto al desayuno, uno comienza a desojar o desvestir ese cúmulo de papeles manchados con tinta; separando suplementos, dejando la revista para la esposa interesada en propagandas gráficas, y para el hijo la página deportiva, de modo que, en mi caso, siempre estoy confinado a devorar lo que llamo “la pechuga del diario”, esa porción a que a priori nadie elige.

Ahí comienza mi paso por el Mar Rojo: el suplemento cultural no tiene dientes ni poemas, sino simple o compleja globalización. Leo comentarios sobre libros que (creo), nunca compraré ni tendré tiempo de aceptar. Es que me falta tanto… Pero me alegro de ver tantos libros nuevos y miro las tapas en fotitos pequeñas para concluir: - puede ser interesante.

 Luego viene, en mi caso, alguna página de investigación que demanda una lectura en clave fórmula uno; y ya…rápidamente a la página política y otra vez la cara del presidente y del ex presidente y ambos casualmente hablan de conspiración. ¿A caso no saben todavía que de eso se trata la política? Cambio y los policiales, aquí sólo las fotos y los titulares.Es el domingo, pienso…y quizá soy muy parecido a estos diarios.

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Como sabemos en Internet abunda información, pero no siempre se consigue lo que uno busca. 

Recuerdo que hace tiempo recorrí muchas librerías en busca de la Suma Teológica, obra fundamental de Santo Tomas de Aquino. Para mi sorpresa fue difícil dar con una edición. 

Ahora quienes busquen o necesiten esta obra para consulta, cuentan con un sitio excelente del Instituto Universitario Virtual Santo Tomas de Aquino, http://www.e-aquinas.net. Allí se edita la Suma Teológica en versión “bilingüe” (latín - castellano). También se pueden descargar a formato pdf, ya sea la edición bilingüe o sólo en castellano la versión facsímil, si se desea. Por el momento está disponible la primera parte de la obra y, la segunda hasta el “tratado de los actos humanos”. El resto de la obra se encuentra en preparación. 

Por otro lado y en contraste, los amantes de una postura inmanentista no podrán dejar de consultar “Nietzsche en castellano” en el sitio http://www.nietzscheana.com.ar. Un portal impresionante por la cantidad de información y buena sistematización de la obra del autor de Así habló Zaratustra. Libros completos y comentarios de autores célebres son algunos de las propuestas disponibles. 

Ambos sitios imperdibles, y desde hoy linkeados en LienDres para consulta permanente.

“El color es la expresión y el sufrimiento de la luz”

Goethe

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Dos noticias, acontecidas el viernes pasado, me parecieron corresponderse; aunque en rigor de verdad y lógica nada hay en ellas que las vincule. Sucede que a veces el espíritu une y construye para bien de toda imaginación. 

La primera noticia todos la conocen; es la que todos los diarios del mundo titularon: “Hallan un millonario tesoro entre los restos de un barco”. Efectivamente un grupo de exploradores encontró, en el fondo del océano, 17 toneladas de monedas de oro y plata con un valor estimado de 500 millones de dólares. Interesante. 

La otra noticia pude vivirla personalmente. Sucedió el viernes por la mañana, alrededor de las 7 hs. Había acompañado a mi hijo a tomar el colectivo que lo lleva al colegio. Cuando volvía hacia la casa pude ver en el cielo un rayo luminoso de distintos colores, creo recordar rojo, azul y blanco. La visión se esfumó en segundos dejando una estela de humo en el cielo sobre la tenue claridad.

Quedé maravillado y también con cierto temor, no sabía qué era aquello. Al día siguiente leo en el diario: “Un extraño destello en el cielo; se trataría de una estrella fugaz, un meteorito o chatarra espacial”. Lo cierto es que aquello se desintegró al ingresar a la atmósfera terrestre.

Ambas noticias son distantes, una surge desde el fondo de los mares y la otra se produce en el alto cielo planetario. ¿Qué las une? ¿Qué las puede vincular o relacionar? Estas preguntas rondaron mi cabeza puesto que sentí que algo las unía. 

Ambas noticias me parecían llenas de poesía; esencialmente poéticas. Recordé entonces un poema de Enrique Molina, La Piel del Mundo, comienza así: “Sobre la piel del mundo hay cosas / que se ven sin ningún asombro / y son sin duda extraordinarias: / una mosca, un pie, una merluza. // Cosas inauditas que asombran: / una bujía que se enciende, / una mujer que se desnuda, / estar vivo, sencillamente.” 

Aquellas monedas de oro que nunca veré; un meteorito cortando el cielo de mi patria que, privilegiadamente mis ojos advirtieron, “son cosas del la piel del mundo: / fascinante como el deseo, / una melodía profunda / con historias de carne y sueño”.

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“En las afueras del pueblo, a unas diez cuadras de la plaza céntrica, el puente viejo tiende su arco sobre el río, uniendo las quintas al campo tranquilo.
Aquel día, como de costumbre, había yo venido a esconderme bajo la sombra fresca de la piedra, a fin de pescar algunos bagrecitos, que luego cambiaría al pulpero de “La Blanqueada” por golosinas, cigarrillos o unos centavos”.
 

Así comienza Don Segundo Sombra, la novela de Ricardo Guiraldes que el 16 de mayo pasado cumplió 81 años de su primera edición aparecida en 1926, mismo año en que se publica otro libro muy distinto, El juguete rabioso de Roberto Arlt. 

Personalmente, tengo una historia particular con este libro que, me fue regalado en el año 1985 al finalizar mi sexto grado en la escuela Florentino Ameghino. Lo recibí en honor de ser designado mejor compañero de ese año. Aunque debo aclarar que hubo una confusión. En realidad yo había obtenido el segundo lugar en las votaciones, pero como el día de la entrega de premios, quien había resultado primero faltó al acto, me lo dieron a mí. 

Allí comenzó una historia particular con ese libro puesto que desde entonces sentí que él me había elegido como lector. Recuerdo aquellas páginas con un gran cariño y debo confesar que de la trilogía Martín Fierro, Santos Vega, el gaucho “culto” -Don segundo- fue mi preferido, supongo que esto se debe al hecho de que el narrador en la obra es un muchacho con el cual me identifiqué de inmediato.

Como simple análisis diré que, de la trilogía mencionada, a Don Segundo se lo enmarca dentro del lenguaje gauchesco “culto”, puesto que su presencia está contenida en un momento posterior históricamente al Martín Fierro, en lo que sería la evolución del gaucho como figura y hecho social. Es decir se trata de un gaucho incorporado al sistema y no tan libre como Fierro. Por ello en las páginas resuenan los ecos de una libertar en su ocaso, que impregna el clima y paisaje de la pampa con una hermosa nostalgia.

Me encuentro con un conocido del ámbito laboral después de un tiempo de no vernos.Le pregunto: - Cómo andás? A lo que responde: - La verdad, re bien, che. Me compré una oficina, solucioné muchos temas de recursos humanos, etc.
Aunque sigo la conversación en un marco de respeto y contento de encontrarme con mi viejo compañero, me queda la sensación de que las máscaras desdibujan nuestro rostro.
¿Qué extraño fenómeno nos lleva a querer aparentar o sobre dimensionar lo bueno de nuestras vidas, y contrariamente querer tapar lo no tan bueno, por no decir lo malo?
Otra persona me dice: - Estoy apunado de estar en la sima. Y otra: - Yo soy un tipo exitoso. Y muchas frases más por el estilo: - No hablemos de remedios. Me dice un amigo.
No quisiera ponerme en dueño de la verdad, pero cuando escucho estas cosas veo potenciales suicidas.
Sólo quisiera reflexionar sobre lo importante que es para nuestra vida, para nuestra salud y nuestra paz, poder aceptar lo bueno y lo malo que nos pasa; y además poderlo compartir, aprendiendo a convivir con nosotros mismos.

“El motivo por el que el filósofo se asemeja al poeta es que los dos tienen que habérselas con lo maravilloso”.

Santo Tomás de Aquino

Apuntes para un elogio de lo inútil, P.II.

Para continuar con el esbozo de lo que hemos denominado Elogio de lo Inútil, se presenta una primera duda fundamental:

¿Conviene previamente a la exposición de los casos testigos, dar un marco general y rector de los principios que rigen la problemática? o; por el contrarío, ¿es preferible enumerar y desarrollar ejemplos y, a partir de ellos, ir construyendo poco a poco el marco general de los principios?

Ya algo hemos dicho de la poesía, como un primer ejemplo. Pero quizá sea conveniente ir dando respuesta a la primera de las preguntas, teniendo en cuenta que lo inútil no siempre es igualmente de claro.

Digamos que lo inútil es todo aquello que sobrepasa o trasciende lo que Josef Pieper denomina “el mundo del trabajo”. Siguiendo a este autor cabe ahora definir qué significa esto del mundo del trabajo y al tiempo qué se entiende por trascender ese mundo.

Dice Pieper: “El mundo del trabajo es el mundo del día de labor, el mundo de la utilización, del servicio a fines, del resultado o producto, del ejercicio de una función; es el mundo de la necesidad y del rendimiento, el mundo del hambre y de su satisfacción.”

Podemos agregar que trascender, en el sentido que aquí nos interesa implica hacer la pregunta que da el paso más allá del mundo práctico. ¿Por qué existe el ser? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Por qué hay sufrimiento? ¿Qué es el amor?

Frente a estás preguntas se contraponen las del mundo del trabajo: ¿Dónde consigo tal cosa? ¿Qué comeremos hoy? ¿A dónde iremos de vacaciones el próximo verano? ¿Qué camisa prefiero esta mañana?

Decimos entonces que es esencial a la poesía y a la filosofía, no permanecer en el plano mundano, es decir en el mundo de utilidades y de aptitud práctica, sino trascenderlo. De allí la elección del epígrafe de Santo Tomás de Aquino, publicado hoy.

Por ello sostenemos que tanto la poesía como la filosofía son inútiles, no en un sentido negativo, sino por cierto muy positivo.

De esto hablaremos en una próxima entrada.

Para rendir homenaje al poeta argentino Oliverio Girondo, a 40 años de su muerte, la Biblioteca Nacional se ha vestido con sus poemas. Por doquier la arquitectura del edificio más feo de la ciudad (como se lo definió), se ve estampado con los poemas y textos del autor de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía.
Se trata de una obra plástica donde los visitantes, se enfrentan a cada minuto, en baños, ascensores, explanadas, etc. siempre rodeados o frente a textos de Girondo.
Personalmente, quisiera comentar mi experiencia que -más allá de los textos que conocí desde mi adolescencia-, he tenido de Oliverio, y así rendir un humilde homenaje desde estas páginas.
En El Vendedor de Tierra, tuvimos oportunidad de entrevistar a varios poetas que de forma unánime siempre describieron a Girondo de forma particularmente sensible, recordándolo con mucha alegría y cariño.
Creo que la imagen que me quedó es la de “maestro” y “padre”.
Recuerdo en primer lugar a Francisco Madariaga; cuando contó que Girondo lo había ayudado mucho a preparar su primer libro, y hasta lo corrigieron juntos. –¡Esto no es castellano! dice que gritaba con un gran lápiz en la mano.
Casi diría que conocí la voz de Oliverio a través de Madariaga, quien lo imitaba con admiración. También lo describía con muchos detalles, por ejemplo contando el día que lo conoció, creo en un bar, entrando con un “gorro de campaña” sobre su cabeza.
Otro testimonio, lo recogimos en El Vendedor de Tierra de parte de Celia Gourinski, ella era la más pequeña del grupo de jóvenes poetas que concurrían a su casa y era también la mimada. Girondo la quería como a una hija, y su esposa le prodigaba un gran cariño.
Celia nos contó del gran “espantapájaros” que había en la entrada de la casa y que Oliverio utilizó en la presentación de su libro homónimo. El mismo espantapájaros, luego de la muerte de Girondo, pasó a ser de Enrique Molina.
Toda una generación de grandes se nutrió de sus enseñanzas, de su cariño y también en alguna medida de su ayuda generosa. Enrique Molina, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Celia Gourinski, Francisco Madariaga y tantos. Todos lo querían como un padre y maestro, junto con su esposa Norah Lange, a quien también recordaban con mucho amor. Su casa fue refugio y academia.

NOCTURNO

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.

En el año 1630 una carreta que formaba parte de una caravana transportaba una pequeña imagen de la Virgen, de apenas 38 centímetros, dentro de un cajón de madera.
Esa imagen era traída desde Brasil, donde un alfarero portugués la había construido con arcilla cocida a pedido de un inmigrante que quería instalar una capilla en su estancia, en el interior del territorio del virreinato. La carreta, que era tirada por bueyes, había partido de Buenos Aires con rumbo a Santiago del Estero. Luego de varios días de viaje, se detuvo para descansar en las proximidades del Río Luján. Pasaron la noche y al día siguiente la caravana se preparó para proseguir su viaje. Pero ocurrió que, justamente, la carreta que llevaba el cajón con la imagen no se pudo mover. Se pensó que llevaba demasiada carga para los bueyes y entonces, entre otras cosas, se bajó el cajoncito de la Virgen.
Entonces la carreta pudo andar. Nuevamente se subió la mercadería, pero otra vez no podía moverse. Se repitió todo varias veces y se comprobó que solamente no se movía la carreta cuando se subía a la Virgen. Así fue como, con sorpresa, se entendió que la Virgen quería quedarse en ese lugar. Este acontecimiento sucedió en tierras de una estancia cuyo dueño, don Rosendo, feliz por lo ocurrido, decidió aceptar la imagen y construir una ermita para venerarla. Esta noticia llegó a distintos pueblos y entonces la gente empezó a visitar a la Virgen que había querido quedarse a orillas del Río Luján.

Un hombre llamado Manuel dedicó toda su vida, desde que llegó a la Argentina, a cuidar a la Virgen de Luján. Fue traído de África y vendido como esclavo en Brasil. Llego al Río de la Plata a los 20 años de edad, en la embarcación en donde venia la bendita imagen, y presenció el milagro en Luján. Se desconoce quien era su dueño, aunque Manuel permaneció en la estancia al cuidado de la imagen, consagrando su vida al atención de la santísima Virgen.
Resumiendo la historia, la devoción creció y creció, hasta que el 8 de mayo de 1887 fue coronada Nuestra Señora de Luján por el Papa León XIII.

Año tras año, millones de jóvenes caminan hasta el santuario para adorar a la Virgen de Lujan, se trata de una de las peregrinaciones más importantes del mundo. Para muchos detractores esto es un hecho muy extraño, otros sugieren: -”la mayoría van sin saber por qué”, el poder por su parte quisiera desactivarla. Lo cierto es que se subestima a las personas y en general se desconoce los motivos profundos que movilizan esta manifestación del pueblo.

Para iniciarnos en este tema tan inútil hablemos de “productividad” y “proactividad”, estos son dos conceptos rectores de nuestro mundo, es decir del tiempo que nos toca. Quien aspire a sobrevivir debe cumplir con estos dos requisitos: ser productivo y ser proactivo. Estos dos temperamentos tienden a un fin, cuyo rostro es difícil de dilucidar. Lo cierto es que en la medida en que tienden a un fin, son “útiles”.

¿Pero qué sucede con todo aquello que es inútil? Según la doctrina imperante, y ampliamente consensuada, en la sociedad en su conjunto, todo aquello que no tiende a un fin inmediato, distinto de sí mismo (aquello no útil, es decir inútil), debe ser descartado, descalificado, perseguido.

Veamos un primer ejemplo: la poesía.
En la oficina nos enteramos que un joven escribe versos. ¿Cuál es el comentario de los compañeros a la hora del almuerzo?
– ¡Pero qué pelotudez, qué manera de perder el tiempo, en vez de hacer algo “productivo”!

La poesía, al igual que otras artes o ciencias del saber, se instalan en un plano distinto al cotidiano, diríamos que “trascienden”, dan un salto en busca de lo “permanente”, lo “eterno”. Por ello es “inútil” a los ojos del mundo, pues todo aquello que no tiene una aplicación inmediata y concreta: - no tiene sentido, no vale la pena detenerse en eso.

Muchos son los casos, así que esta historia de lo inútil continuará.

Hace unos días la figura del Minotauro volvió a instalarse en mí a partir de unos estudios sobre los orígenes de la civilización griega. Recuerdo que en mi adolescencia conocí este mito, no por leer cosas sobre griegos, sino a través de Borges; su poema “El laberinto” fue siempre para mi motivo de asombro y admiración.De acuerdo con este mito, los dioses se enojaron con Minos, rey de Creta, porque debía sacrificar un determinado toro para ellos, y no lo hizo. Como castigo por su error, los dioses le dieron como hijo el Minotauro, un ser con cuerpo de hombre, cabeza de toro, dientes de león y un terrible rugido que atemorizaba a la gente.
El Minotauro se alimentaba de seres humanos. Cuando creció, fue encarcelado en un laberinto especialmente construido para él.
Entretanto, el hijo mayor de Minos partió rumbo a la ciudad de Atenas, donde fue asesinado. Para vengarse, Minos obligo al rey de Atenas a entregarle siete varones y siete mujeres jóvenes cada nueve años. Los jóvenes eran encerrados en el laberinto y servían de alimento al Minotauro. Finalmente, la pesadilla de los atenienses terminó cuando el monstruo fue aniquilado por Teseo, hijo del rey de Atenas.

Quizá esta historia nunca ha cesado. El Minotauro, el laberinto, las victimas, un rey, Teseo; ¿Quién soy yo? ¿Acaso no soy uno de ellos?

- Borges, ayúdeme:Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
Que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido
o el eco de un bramido desolado.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojalá fuera
éste el último día de la espera.


Según un estudio de la sociedad de fomento Villa Irupé, en los últimos años disminuyó considerablemente el índice de “jugadores de ajedrez” en nuestro país. Las estadísticas indican que 1 de cada 100 habitantes juega una partida sólo una vez al año.
Estos datos preocupan al gobierno; a tal punto que el mismo presidente de la Nación tomó intervención en el asunto realizando un llamado a la juventud para despertar y promover la vocación ajedrecística en los muchachos.
Este hecho no es aislado puesto que se tomarán medidas de carácter gubernamental. Así lo confirmó el ministro de economía quien anunció que el próximo año se destinarán 800 millones del presupuesto con el fin de promover el estudio del ajedrez en nuestras comunidades.
Estos acontecimientos se enmarcan en un desolador contexto internacional ya que según trascendió, en los pasillos de las Naciones Unidas, no pocas naciones se enfrentan con este flagelo.
Hasta hace unos días nuestra sociedad desconocía la trascendencia de este problema, pero recientemente se ha comenzado a echar luz, al conocerse distintos informes sociológicos que confirman esta triste realidad: cada vez contamos con menos jugadores de ajedrez.
Es de destacar que estos datos salieron a la luz pública a raíz del crimen de Walter Cevallos, un joven de 19 años jugador de ajedrez, ganador del Certamen Floral de Ajedrez de José C. Paz; quien fue asesinado a puñaladas por su novia en oportunidad de disputar con ella una partida. El joven, jugando con las piezas negras, encontró la muerte luego de comerle la dama a su prometida y pronunciar:- “Jaque”.

El señor K había terminado de comer su pollo cuando decidió tomar una siesta en forma inmediata. Era el mediodía sobre su casa, y los pájaros también se refugiaban del sol que, a esa hora, proporcionaba un calor extremo y proyectaba sombras de invisible fuego aun debajo de los árboles.
El señor K habitaba aquella llanura desde que contrajo matrimonio -es decir aproximadamente unos 32 años-, según pudo calcular mientras se dirigía del baño a la habitación. La cifra quedó rebotando en su cabeza al punto de no advertir que ya desnudo se había recostado y una blanca sábana lo cubría desde los pies al cuello.
- Han pasado los días y los años –dijo, y luego de un silencio agregó: - Envejecí pensando en vos, porque nos separa el tiempo. Luego marcó su cuerpo con la señal de cruz.
Aquella habitación era pequeña; antes –cuando la esposa aun vivía- la cama matrimonial se ubicaba en el centro con el respaldo contra la pared, pero ahora yacía en un costado y era sólo para una persona, habían pasado varios años hasta que decidió cambiar la anterior por esta más pequeña, porque solía pensar -para qué quiere una cama tan grande un viejo que apenas duerme unas horas de corrido-. En realidad, todo se había simplificado desde la muerte de la esposa.
Muy pocos minutos le llevó tomar la posición propia para el sueño, levemente inclinado hacia su izquierda desde dónde podía ver la ventana que daba a la calle, aunque a esta hora la persiana baja sólo dejaba entrever unos finos rayos de luz.
Sus párpados cayeron como frutos maduros y pudo ver un lago y una noche sobre sí, y una estrella y ahora muchas más en un cielo que cubría la inmensidad. Quiso rezarle a ese cielo y así lo hizo. Su plegaria atravesó el universo. Supo por el olor del viento que era alrededor de la medianoche. Luego, descubrió la primera luna y el movimiento de esta sobre el lago; una atmósfera de paciencia lo rodeaba y lo tocaba; lentos caracoles se refugiaban en la espesura a la orillas del lago, donde ranas, grillos y luciérnagas danzaban.
Quiso también volar y así lo hizo, pues ahora su cuerpo era la plegaria dirigida al cielo. Podía volar y mirar al tiempo las estrellas, a veces un pájaro lo acompañaba un trayecto y luego se despedía con una mirada de adiós. En las alturas disfrutó atravesar la franja de luz de la luna, una y otra vez, primero con los ojos cerrados (con cierto temor), después –ya animado- abriéndolos al blanco de pureza que inundaba sus sentidos.
Imaginó su cuerpo liberado de toda forma, y ensayó el misterio de la ceniza, desintegrándose en millares de partículas de luz y polvo.
Pasado un tiempo sobre el aire y el viento se detuvo a orillas del lago, congregado en la unidad de su cuerpo rejuvenecido, y fue allí cuando sus ojos vieron.
No tuvo duda, su esposa estaba allí frete a él, a la distancia de un tiro de piedra. La vio desnuda, flotando en el lago, con el rostro hacia el cielo en posición horizontal; levemente movía sus piernas y sus brazos para mantenerse a flote.
La luz que se proyectaba sobre su amada era ahora más intensa. Levantó la cabeza hacia la infinitud y advirtió, en lo profundo del firmamento, la presencia trinitaria de las lunas que como hostias vivas irradiaban aquella sobrenatural hermosura.
Su espíritu estaba en paz, permaneció mirando largamente el paisaje onírico que frente a él se desplegaba, mientas su amada flotaba horizontalmente joven con su largo cabello danzante como un negro camalote de ensueño.
Después de un tiempo, el señor K, avanzó a paso lento sobre el agua que, con paciencia, fue cubriendo sus tobillos y luego las piernas hasta la altura de la cintura. Avanzó en dirección hacia donde estaba flotando su esposa. Estiró su mano hasta sentir que la tocaba, ella pareció despertar de su acuático misterio, vio a su esposo que la había tomado de la mano, se reconocieron en una sonrisa y se abrazaron.
Las aguas subieron, como si de pronto una crecida repentina se desatara, hasta cubrirlos y desaparecieron.
A orillas del lago: ranas, grillos y luciérnagas danzaban. Este fue el primer día de un largo sueño.