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 Hace unos 10 años fuimos con un amigo a un local de tatuajes ubicado en una galería de la calle corrientes.

Recuerdo que apenas ingresamos advertí de inmediato el nombre que identificaba a aquel lugar; “El Tunel”; decía en letras grandes sobre la vidriera. Como no podía ser de otra manera en mi caso, recordé el famoso libro de Ernesto Sábato que lleva el mismo título.

Mi amigo se acomodó en aquel sillón, medio de peluquero, media mesa de disecciones y el joven dueño del boliche tatuador comenzó su trabajo, digamos artesanal sobre el pecho de su cliente.

 Mientras trabajaba la charla era amena, típico de todo quirófano. Finalmente, cuando ya había cierto tono distendido, me animé a preguntar al dueño de casa por el nombre de su comercio. Rápidamente respondió: - El tunel, por el libro de Sábato. Confirmando mi suposición inicial me sentí cómodo e intercambiamos unas palabras sobre el libro; hasta que de pronto el joven se animó: - Pero ya no leo más, me hace ver la realidad y sufro.

Estas palabras me conmovieron desde entonces al punto de no poder olvidarlas. Repetidas veces me he preguntado si realmente la literatura puede causar una lucidez tal de la realidad que haga que una persona no desee leer textos profundos, digamos serios.

Después de mucho, creo haber encontrado algunos criterios ordenadores. Anoto que detrás de todo texto literario, si es serio, se manifiesta una visión del mundo; y esta puede ser o bien una visión armónica de la realidad o bien caótica.

Es decir que, quien se detiene a ver la realidad puede encontrar un orden y armonía o, caso contrario, una especie de sustrato sin orden ni límites, más que los artificialmente impuestos por el hombre. Para aquellos que piensan en este segundo sentido, todo limitante es –por definición- represivo. Así por ejemplo pensaba Marx, cuando dice que el mundo no merece ser entendido sino transformado.

 Creo ahora empezar a comprender, por qué aquel joven tatuador se sentía tan agobiado por la realidad circundante que la novela El Túnel le mostraba ante sus ojos, al punto de pensar y sostener que esa realidad era mejor no conocerla.

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 Los diarios del domingo son una gran colección de papeles. Bien temprano el diariero lo arroja sobre el umbral de la casa. Y pronto, junto al desayuno, uno comienza a desojar o desvestir ese cúmulo de papeles manchados con tinta; separando suplementos, dejando la revista para la esposa interesada en propagandas gráficas, y para el hijo la página deportiva, de modo que, en mi caso, siempre estoy confinado a devorar lo que llamo “la pechuga del diario”, esa porción a que a priori nadie elige.

Ahí comienza mi paso por el Mar Rojo: el suplemento cultural no tiene dientes ni poemas, sino simple o compleja globalización. Leo comentarios sobre libros que (creo), nunca compraré ni tendré tiempo de aceptar. Es que me falta tanto… Pero me alegro de ver tantos libros nuevos y miro las tapas en fotitos pequeñas para concluir: - puede ser interesante.

 Luego viene, en mi caso, alguna página de investigación que demanda una lectura en clave fórmula uno; y ya…rápidamente a la página política y otra vez la cara del presidente y del ex presidente y ambos casualmente hablan de conspiración. ¿A caso no saben todavía que de eso se trata la política? Cambio y los policiales, aquí sólo las fotos y los titulares.Es el domingo, pienso…y quizá soy muy parecido a estos diarios.


Para disfrutar, uno de los grandes.

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El blog también se pone la escarapela. 

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Como sabemos en Internet abunda información, pero no siempre se consigue lo que uno busca. 

Recuerdo que hace tiempo recorrí muchas librerías en busca de la Suma Teológica, obra fundamental de Santo Tomas de Aquino. Para mi sorpresa fue difícil dar con una edición. 

Ahora quienes busquen o necesiten esta obra para consulta, cuentan con un sitio excelente del Instituto Universitario Virtual Santo Tomas de Aquino, http://www.e-aquinas.net. Allí se edita la Suma Teológica en versión “bilingüe” (latín - castellano). También se pueden descargar a formato pdf, ya sea la edición bilingüe o sólo en castellano la versión facsímil, si se desea. Por el momento está disponible la primera parte de la obra y, la segunda hasta el “tratado de los actos humanos”. El resto de la obra se encuentra en preparación. 

Por otro lado y en contraste, los amantes de una postura inmanentista no podrán dejar de consultar “Nietzsche en castellano” en el sitio http://www.nietzscheana.com.ar. Un portal impresionante por la cantidad de información y buena sistematización de la obra del autor de Así habló Zaratustra. Libros completos y comentarios de autores célebres son algunos de las propuestas disponibles. 

Ambos sitios imperdibles, y desde hoy linkeados en LienDres para consulta permanente.

“El color es la expresión y el sufrimiento de la luz”

Goethe

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Esta fotografía fue tomada por Juan Rulfo, titulada: “Indígenas de Ayutla, Oaxaca”.

Por estos días se ha hablado mucho del autor de Pedro Páramo y El Llano en Llamas, al cumplirse 90 años de su nacimiento.

Desde las páginas de LienDres, este es nuestro simple homenaje, explorando otra dimensión de Rulfo, sus fotografías; acompañado con un fragmento de Goethe como canción de entrada a este maestro de la literatura americana, a quien todos los autores posteriores indefectiblemente le deben algo.

En cuanto a su obra, simplemente dejemos la palabra a García Márquez quien escribió el siguiente pasaje, al recordar la lectura de Pedro Páramo:

Álvaro Mutis subió a grandes zancadas los siete pisos de mi casa con un paquete de libros, separó del montón el más pequeño y corto, y me dijo muerto de risa: ¡Lea esa vaina, carajo, para que aprenda! Era Pedro Páramo. Aquella noche no pude dormir mientras no terminé la segunda lectura. Nunca, desde la noche tremenda en que leí la Metamorfosis de Kafka en una lúgubre pensión de estudiantes de Bogotá — casi diez años atrás— había sufrido una conmoción semejante.

Quienes quieran ver más fotos tomadas por Juan Rulfo, descarguen el siguiente archivo:

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Dos noticias, acontecidas el viernes pasado, me parecieron corresponderse; aunque en rigor de verdad y lógica nada hay en ellas que las vincule. Sucede que a veces el espíritu une y construye para bien de toda imaginación. 

La primera noticia todos la conocen; es la que todos los diarios del mundo titularon: “Hallan un millonario tesoro entre los restos de un barco”. Efectivamente un grupo de exploradores encontró, en el fondo del océano, 17 toneladas de monedas de oro y plata con un valor estimado de 500 millones de dólares. Interesante. 

La otra noticia pude vivirla personalmente. Sucedió el viernes por la mañana, alrededor de las 7 hs. Había acompañado a mi hijo a tomar el colectivo que lo lleva al colegio. Cuando volvía hacia la casa pude ver en el cielo un rayo luminoso de distintos colores, creo recordar rojo, azul y blanco. La visión se esfumó en segundos dejando una estela de humo en el cielo sobre la tenue claridad.

Quedé maravillado y también con cierto temor, no sabía qué era aquello. Al día siguiente leo en el diario: “Un extraño destello en el cielo; se trataría de una estrella fugaz, un meteorito o chatarra espacial”. Lo cierto es que aquello se desintegró al ingresar a la atmósfera terrestre.

Ambas noticias son distantes, una surge desde el fondo de los mares y la otra se produce en el alto cielo planetario. ¿Qué las une? ¿Qué las puede vincular o relacionar? Estas preguntas rondaron mi cabeza puesto que sentí que algo las unía. 

Ambas noticias me parecían llenas de poesía; esencialmente poéticas. Recordé entonces un poema de Enrique Molina, La Piel del Mundo, comienza así: “Sobre la piel del mundo hay cosas / que se ven sin ningún asombro / y son sin duda extraordinarias: / una mosca, un pie, una merluza. // Cosas inauditas que asombran: / una bujía que se enciende, / una mujer que se desnuda, / estar vivo, sencillamente.” 

Aquellas monedas de oro que nunca veré; un meteorito cortando el cielo de mi patria que, privilegiadamente mis ojos advirtieron, “son cosas del la piel del mundo: / fascinante como el deseo, / una melodía profunda / con historias de carne y sueño”.

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“En las afueras del pueblo, a unas diez cuadras de la plaza céntrica, el puente viejo tiende su arco sobre el río, uniendo las quintas al campo tranquilo.
Aquel día, como de costumbre, había yo venido a esconderme bajo la sombra fresca de la piedra, a fin de pescar algunos bagrecitos, que luego cambiaría al pulpero de “La Blanqueada” por golosinas, cigarrillos o unos centavos”.
 

Así comienza Don Segundo Sombra, la novela de Ricardo Guiraldes que el 16 de mayo pasado cumplió 81 años de su primera edición aparecida en 1926, mismo año en que se publica otro libro muy distinto, El juguete rabioso de Roberto Arlt. 

Personalmente, tengo una historia particular con este libro que, me fue regalado en el año 1985 al finalizar mi sexto grado en la escuela Florentino Ameghino. Lo recibí en honor de ser designado mejor compañero de ese año. Aunque debo aclarar que hubo una confusión. En realidad yo había obtenido el segundo lugar en las votaciones, pero como el día de la entrega de premios, quien había resultado primero faltó al acto, me lo dieron a mí. 

Allí comenzó una historia particular con ese libro puesto que desde entonces sentí que él me había elegido como lector. Recuerdo aquellas páginas con un gran cariño y debo confesar que de la trilogía Martín Fierro, Santos Vega, el gaucho “culto” -Don segundo- fue mi preferido, supongo que esto se debe al hecho de que el narrador en la obra es un muchacho con el cual me identifiqué de inmediato.

Como simple análisis diré que, de la trilogía mencionada, a Don Segundo se lo enmarca dentro del lenguaje gauchesco “culto”, puesto que su presencia está contenida en un momento posterior históricamente al Martín Fierro, en lo que sería la evolución del gaucho como figura y hecho social. Es decir se trata de un gaucho incorporado al sistema y no tan libre como Fierro. Por ello en las páginas resuenan los ecos de una libertar en su ocaso, que impregna el clima y paisaje de la pampa con una hermosa nostalgia.

Me encuentro con un conocido del ámbito laboral después de un tiempo de no vernos.Le pregunto: - Cómo andás? A lo que responde: - La verdad, re bien, che. Me compré una oficina, solucioné muchos temas de recursos humanos, etc.
Aunque sigo la conversación en un marco de respeto y contento de encontrarme con mi viejo compañero, me queda la sensación de que las máscaras desdibujan nuestro rostro.
¿Qué extraño fenómeno nos lleva a querer aparentar o sobre dimensionar lo bueno de nuestras vidas, y contrariamente querer tapar lo no tan bueno, por no decir lo malo?
Otra persona me dice: - Estoy apunado de estar en la sima. Y otra: - Yo soy un tipo exitoso. Y muchas frases más por el estilo: - No hablemos de remedios. Me dice un amigo.
No quisiera ponerme en dueño de la verdad, pero cuando escucho estas cosas veo potenciales suicidas.
Sólo quisiera reflexionar sobre lo importante que es para nuestra vida, para nuestra salud y nuestra paz, poder aceptar lo bueno y lo malo que nos pasa; y además poderlo compartir, aprendiendo a convivir con nosotros mismos.

La noticia sobre la muerte de una niña de 5 años por causa de meningitis, debería preocupar a las autoridades, tanto provinciales como del gobierno nacional. Se trata del segundo caso fatal en el año. 

Esta enfermedad, grave por cierto, puede ser prevenida con una vacuna. Pero en Argentina, sólo el 9% de los niños la recibe (ya que no integra el calendario vacunatorio nacional), según comentaron especialistas argentinos que participaron del XII Congreso Latinoamericano de Infectología Pediátrica, que concluyo el 12 de mayo en San José de Costa Rica. 

El actual candidato a diputado por la ciudad de Buenos Aires, y actual ministro de salud, Ginés González García, debería sentir vergüenza, y de igual manera también aquellos que le siguen proponiendo cargos como si mereciera ser premiado.

“El motivo por el que el filósofo se asemeja al poeta es que los dos tienen que habérselas con lo maravilloso”.

Santo Tomás de Aquino

Apuntes para un elogio de lo inútil, P.II.

Para continuar con el esbozo de lo que hemos denominado Elogio de lo Inútil, se presenta una primera duda fundamental:

¿Conviene previamente a la exposición de los casos testigos, dar un marco general y rector de los principios que rigen la problemática? o; por el contrarío, ¿es preferible enumerar y desarrollar ejemplos y, a partir de ellos, ir construyendo poco a poco el marco general de los principios?

Ya algo hemos dicho de la poesía, como un primer ejemplo. Pero quizá sea conveniente ir dando respuesta a la primera de las preguntas, teniendo en cuenta que lo inútil no siempre es igualmente de claro.

Digamos que lo inútil es todo aquello que sobrepasa o trasciende lo que Josef Pieper denomina “el mundo del trabajo”. Siguiendo a este autor cabe ahora definir qué significa esto del mundo del trabajo y al tiempo qué se entiende por trascender ese mundo.

Dice Pieper: “El mundo del trabajo es el mundo del día de labor, el mundo de la utilización, del servicio a fines, del resultado o producto, del ejercicio de una función; es el mundo de la necesidad y del rendimiento, el mundo del hambre y de su satisfacción.”

Podemos agregar que trascender, en el sentido que aquí nos interesa implica hacer la pregunta que da el paso más allá del mundo práctico. ¿Por qué existe el ser? ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Por qué hay sufrimiento? ¿Qué es el amor?

Frente a estás preguntas se contraponen las del mundo del trabajo: ¿Dónde consigo tal cosa? ¿Qué comeremos hoy? ¿A dónde iremos de vacaciones el próximo verano? ¿Qué camisa prefiero esta mañana?

Decimos entonces que es esencial a la poesía y a la filosofía, no permanecer en el plano mundano, es decir en el mundo de utilidades y de aptitud práctica, sino trascenderlo. De allí la elección del epígrafe de Santo Tomás de Aquino, publicado hoy.

Por ello sostenemos que tanto la poesía como la filosofía son inútiles, no en un sentido negativo, sino por cierto muy positivo.

De esto hablaremos en una próxima entrada.

Para rendir homenaje al poeta argentino Oliverio Girondo, a 40 años de su muerte, la Biblioteca Nacional se ha vestido con sus poemas. Por doquier la arquitectura del edificio más feo de la ciudad (como se lo definió), se ve estampado con los poemas y textos del autor de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía.
Se trata de una obra plástica donde los visitantes, se enfrentan a cada minuto, en baños, ascensores, explanadas, etc. siempre rodeados o frente a textos de Girondo.
Personalmente, quisiera comentar mi experiencia que -más allá de los textos que conocí desde mi adolescencia-, he tenido de Oliverio, y así rendir un humilde homenaje desde estas páginas.
En El Vendedor de Tierra, tuvimos oportunidad de entrevistar a varios poetas que de forma unánime siempre describieron a Girondo de forma particularmente sensible, recordándolo con mucha alegría y cariño.
Creo que la imagen que me quedó es la de “maestro” y “padre”.
Recuerdo en primer lugar a Francisco Madariaga; cuando contó que Girondo lo había ayudado mucho a preparar su primer libro, y hasta lo corrigieron juntos. –¡Esto no es castellano! dice que gritaba con un gran lápiz en la mano.
Casi diría que conocí la voz de Oliverio a través de Madariaga, quien lo imitaba con admiración. También lo describía con muchos detalles, por ejemplo contando el día que lo conoció, creo en un bar, entrando con un “gorro de campaña” sobre su cabeza.
Otro testimonio, lo recogimos en El Vendedor de Tierra de parte de Celia Gourinski, ella era la más pequeña del grupo de jóvenes poetas que concurrían a su casa y era también la mimada. Girondo la quería como a una hija, y su esposa le prodigaba un gran cariño.
Celia nos contó del gran “espantapájaros” que había en la entrada de la casa y que Oliverio utilizó en la presentación de su libro homónimo. El mismo espantapájaros, luego de la muerte de Girondo, pasó a ser de Enrique Molina.
Toda una generación de grandes se nutrió de sus enseñanzas, de su cariño y también en alguna medida de su ayuda generosa. Enrique Molina, Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Celia Gourinski, Francisco Madariaga y tantos. Todos lo querían como un padre y maestro, junto con su esposa Norah Lange, a quien también recordaban con mucho amor. Su casa fue refugio y academia.

NOCTURNO

Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana.
Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos.
Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas.
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo,
y cuál será la intención de los papeles
que se arrastran en los patios vacíos?
Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las mentiras,
y en que las cañerías tienen gritos estrangulados,
como si se asfixiaran dentro de las paredes.
A veces se piensa,
al dar vuelta la llave de la electricidad,
en el espanto que sentirán las sombras,
y quisiéramos avisarles
para que tuvieran tiempo de acurrucarse en los rincones.
Y a veces las cruces de los postes telefónicos,
sobre las azoteas,
tienen algo de siniestro
y uno quisiera rozarse a las paredes,
como un gato o como un ladrón.
Noches en las que desearíamos
que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que súbitamente se comprende
que no hay ternura comparable
a la de acariciar algo que duerme.

LienDres se complace en agregar en su sección Vínculos, el sitio del gran poeta argentino Juan Gelman, “La bitácora de Gelman”.

“Una bitácora, en sus orígenes era el armario que tenían los barcos para guardar los instrumentos del barco así como un cuaderno donde el capitán iba anotando las decisiones tomadas en orden cronológico.
Esta bitácora es un sitio singular donde se reunen los artículos de prensa, poesía, información sobre libros, premios, conferencias y demás datos relevante del gran poeta y periodista argentino”.

http://www.juangelman.com/

Se solicita la ayuda de la población para dar con el paradero de cuatro políticos porteños, que fueron vistos por última vez en las inmediaciones del obelisco, oportunidad en la que participaban de una fumata o tormenta de ideas para desplegar su campaña.

Las que siguen fueron sus últimas creaciones:

Si conoce algún dato por favor llame al SAME. Para mayor información considere:

Jorge Telerman: 1, 70 metros de altura, se dice afrancesado, la última vez que se lo vio llevaba puesta una musculosa con un estampado del presidente ruso Vladimir Putin.

Mauricio Macri: sus allegados manifestaron que “estaría bueno” que lo encontraran, pero como en realidad estaban tan fumados como su jefe, luego agregaron: “estaría bueno que salga campeón boca”.

Daniel Filmus: Es un caso de doble personalidad, el pobre no sabe si es Pluto, o una integrante Bandana.

Ginés: es el caso más preocupante y grave, si lo encuentra no le de tiempo a pensar y deténgalo de inmediato. Si ud, no tiene reflejos rápidos lo mejor es correr, puesto que si llega a insinuar una de sus ideas lo más probable es que intente empastillarlo, clavarle un piercing o realizarle un tatto.

Desde ya, muchas gracias.

En el año 1630 una carreta que formaba parte de una caravana transportaba una pequeña imagen de la Virgen, de apenas 38 centímetros, dentro de un cajón de madera.
Esa imagen era traída desde Brasil, donde un alfarero portugués la había construido con arcilla cocida a pedido de un inmigrante que quería instalar una capilla en su estancia, en el interior del territorio del virreinato. La carreta, que era tirada por bueyes, había partido de Buenos Aires con rumbo a Santiago del Estero. Luego de varios días de viaje, se detuvo para descansar en las proximidades del Río Luján. Pasaron la noche y al día siguiente la caravana se preparó para proseguir su viaje. Pero ocurrió que, justamente, la carreta que llevaba el cajón con la imagen no se pudo mover. Se pensó que llevaba demasiada carga para los bueyes y entonces, entre otras cosas, se bajó el cajoncito de la Virgen.
Entonces la carreta pudo andar. Nuevamente se subió la mercadería, pero otra vez no podía moverse. Se repitió todo varias veces y se comprobó que solamente no se movía la carreta cuando se subía a la Virgen. Así fue como, con sorpresa, se entendió que la Virgen quería quedarse en ese lugar. Este acontecimiento sucedió en tierras de una estancia cuyo dueño, don Rosendo, feliz por lo ocurrido, decidió aceptar la imagen y construir una ermita para venerarla. Esta noticia llegó a distintos pueblos y entonces la gente empezó a visitar a la Virgen que había querido quedarse a orillas del Río Luján.

Un hombre llamado Manuel dedicó toda su vida, desde que llegó a la Argentina, a cuidar a la Virgen de Luján. Fue traído de África y vendido como esclavo en Brasil. Llego al Río de la Plata a los 20 años de edad, en la embarcación en donde venia la bendita imagen, y presenció el milagro en Luján. Se desconoce quien era su dueño, aunque Manuel permaneció en la estancia al cuidado de la imagen, consagrando su vida al atención de la santísima Virgen.
Resumiendo la historia, la devoción creció y creció, hasta que el 8 de mayo de 1887 fue coronada Nuestra Señora de Luján por el Papa León XIII.

Año tras año, millones de jóvenes caminan hasta el santuario para adorar a la Virgen de Lujan, se trata de una de las peregrinaciones más importantes del mundo. Para muchos detractores esto es un hecho muy extraño, otros sugieren: -”la mayoría van sin saber por qué”, el poder por su parte quisiera desactivarla. Lo cierto es que se subestima a las personas y en general se desconoce los motivos profundos que movilizan esta manifestación del pueblo.

Para iniciarnos en este tema tan inútil hablemos de “productividad” y “proactividad”, estos son dos conceptos rectores de nuestro mundo, es decir del tiempo que nos toca. Quien aspire a sobrevivir debe cumplir con estos dos requisitos: ser productivo y ser proactivo. Estos dos temperamentos tienden a un fin, cuyo rostro es difícil de dilucidar. Lo cierto es que en la medida en que tienden a un fin, son “útiles”.

¿Pero qué sucede con todo aquello que es inútil? Según la doctrina imperante, y ampliamente consensuada, en la sociedad en su conjunto, todo aquello que no tiende a un fin inmediato, distinto de sí mismo (aquello no útil, es decir inútil), debe ser descartado, descalificado, perseguido.

Veamos un primer ejemplo: la poesía.
En la oficina nos enteramos que un joven escribe versos. ¿Cuál es el comentario de los compañeros a la hora del almuerzo?
– ¡Pero qué pelotudez, qué manera de perder el tiempo, en vez de hacer algo “productivo”!

La poesía, al igual que otras artes o ciencias del saber, se instalan en un plano distinto al cotidiano, diríamos que “trascienden”, dan un salto en busca de lo “permanente”, lo “eterno”. Por ello es “inútil” a los ojos del mundo, pues todo aquello que no tiene una aplicación inmediata y concreta: - no tiene sentido, no vale la pena detenerse en eso.

Muchos son los casos, así que esta historia de lo inútil continuará.

Hace unos días la figura del Minotauro volvió a instalarse en mí a partir de unos estudios sobre los orígenes de la civilización griega. Recuerdo que en mi adolescencia conocí este mito, no por leer cosas sobre griegos, sino a través de Borges; su poema “El laberinto” fue siempre para mi motivo de asombro y admiración.De acuerdo con este mito, los dioses se enojaron con Minos, rey de Creta, porque debía sacrificar un determinado toro para ellos, y no lo hizo. Como castigo por su error, los dioses le dieron como hijo el Minotauro, un ser con cuerpo de hombre, cabeza de toro, dientes de león y un terrible rugido que atemorizaba a la gente.
El Minotauro se alimentaba de seres humanos. Cuando creció, fue encarcelado en un laberinto especialmente construido para él.
Entretanto, el hijo mayor de Minos partió rumbo a la ciudad de Atenas, donde fue asesinado. Para vengarse, Minos obligo al rey de Atenas a entregarle siete varones y siete mujeres jóvenes cada nueve años. Los jóvenes eran encerrados en el laberinto y servían de alimento al Minotauro. Finalmente, la pesadilla de los atenienses terminó cuando el monstruo fue aniquilado por Teseo, hijo del rey de Atenas.

Quizá esta historia nunca ha cesado. El Minotauro, el laberinto, las victimas, un rey, Teseo; ¿Quién soy yo? ¿Acaso no soy uno de ellos?

- Borges, ayúdeme:Zeus no podría desatar las redes
de piedra que me cercan. He olvidado
los hombres que antes fui; sigo el odiado
camino de monótonas paredes
que es mi destino. Rectas galerías
que se curvan en círculos secretos
al cabo de los años. Parapetos
Que ha agrietado la usura de los días.
En el pálido polvo he descifrado
rastros que temo. El aire me ha traído
en las cóncavas tardes un bramido
o el eco de un bramido desolado.
Sé que en la sombra hay Otro, cuya suerte
es fatigar las largas soledades
que tejen y destejen este Hades
y ansiar mi sangre y devorar mi muerte.
Nos buscamos los dos. Ojalá fuera
éste el último día de la espera.